viernes, 28 de octubre de 2011

La muerte según Obama

Go and do your own killing, we have done it long enough for you! (Emma Goldman)
Emma Goldman hablaba de esta manera al tratar el patriotismo. El patriotismo, argumentaba, es ese sentimiento que justifica el asesinato y la imposición de ciertos valores dados por superiores. Ampara también el entrenamiento en masa de asesinos en serie, a los que se agasaja y condecora después de superar las carnicerías para las que fueron entrenados. Eso sí, sobre todo desde Vietnam, las carnicerías tiene que parecer lejanas, y, no tanto relatadas, filmadas o fotografiadas como digeridas a través de cifras sin relación con vidas mutiladas, violadas, exiliadas o torturadas. Esa lógica de la muerte aséptica es muy propia de la modernidad. El asesinato de Gadafi rompe esa profilaxis.
Hay quien aún defiende que la introducción de la guillotina fue un avance en los métodos de ajusticiamiento. Se acabó la picota medieval, las ruedas para dislocar huesos, el empalamiento. En definitiva, se terminó la era de la oscuridad medieval y comenzó la de la "las luces" ilustrada. La llegada de la guillotina es todo un paso adelante en limpieza, rapidez y seguridad. Muerte sin dolor, sin darse cuenta; es un momentito y ya está. Casi se trata de la muerte sin muerte, como el inglés sin estudio, el adelgazamiento sin esfuerzo, el café descafeinado y el sexo sin sexo, el sexo instantáneo y virtual, como el del orgasmatrón de la película Sleeper de Woody Alen. Más de doscientos años después de ese primer alejamiento higiénico del ajusticiamiento,  queremos separarnos aún más de él y no aguantamos ni las bromas al respecto. Ahora nos afecta más que alguien sea dilapidado que una muerte “digna” tras unas cuantas inyecciones sedantes. ¿Por qué?
El la cultura de lo light, necesitamos una muerte light, sin sufrimiento, sin sangre, ni siquiera sudores fríos o angustias nihilistas. Los malos, los malos muy malos merecen la muerte, no hay duda, pero sin que nos manchen con sus repugnantes sesos, sus rostros atormentados y sus pútridas vísceras. Por eso Obama se felicitaba por el asesinato de bin Laden: nadie vio la tragedia del ajusticiamiento a sangre fría de un anciano. Asesino o no, bin Laden era un anciano indefenso a la hora de su muerte, como lo ha sido Gadafi hace unos días.
De la diferente opinión de Obama con respecto a los asesinatos de bin Laden y Gadafi, se deduce que el primero tuvo una muerte aséptica, adecuada, necesaria, y, por el contrario, los asesinos de Gadafi lo ajusticiaron sin decoro. Ese tipo de muerte “decorosa”, rápida, efectiva y quirúrgica sólo la puede proporcionar alguien profesional y democráticamente entrenado al efecto. Se trata del asesinato que nos ofrecen nuestros ejércitos, de forma acorde con nuestra necesidad imperiosa de no aceptar la realidad: para aprender un idioma hay que estudiar, para adelgazar hay que hacer muchos esfuerzos, (en la mayoría de los casos, ¿para qué adelgazar?) practicar el sexo implica embadurnarse de olores y fluidos ajenos,  el café descafeinado es como todo lo descafeinado, sucedáneo de la realidad, la muerte desvela nuestra más obscena organicidad y el asesinato de ancianos es un acto repugnante.    
Frente al Obama que dice: “Yo creo que es necesario cierto decoro en el trato de la muerte, incluso de alguien que ha hecho cosas tan terribles” (El País) Yo defendería el más acorde: “el que esté libre de culpa que tire la primera piedra” o el “Go and do your own killing” de Emma Goldman. La frase viene a decir: ten las agallas de enfrentarte a la muerte, cara a cara, como lo que es y no como noticia, dato o película. Enfréntate al olor que despide, su humedad descompuesta y admite que un día estarás frente a ella y que el asesinato que cometes es el reflejo de tu futuro. Si estos decorosos mandatarios, como Zapatero y Obama, que se congratulan con el asesinato de bin Laden, tuviesen que llevar a cabo la faena por ellos mismos, pondrían fin a tales formas de barbarie.
No nos olvidemos, la guillotina, la introducción de la muerte limpia, la muerte sin muerte, no es sino el primer paso hacia la industrialización del asesinato que supuso el holocausto. El mayor problema que los nazis tuvieron que solucionar para poner en práctica sus asesinatos a escala industrial era que nadie podía soportar el llevarlos a cabo. De ahí que, además de obligar a extranjeros y judíos a cometer tales atrocidades, todo fuese aséptico, limpio, medido y que la muerte fuese “limpieza étnica” y  llevada a cabo en “duchas”. La guillotina supuso el primer gran avance mecánico destinado a alejar al verdugo de su víctima.
La guillotina nos separa del acto del asesinato y, al separarnos de la realidad, nos hace más inhumanos y más máquinas. La muerte aséptica, la muerte decorosa de Obama, es, si cabe, más repugnante que el asesinato de Gadafi. Esto de debido a que el acto, de por sí malévolo, no se desvela así de suyo, sino como un pequeño mal necesario, casi inocuo. Además, las afirmaciones del presidente norteamericano demuestran el absurdo grotesco al que ha llegado la política democrática occidental y su ansia “civilizadora”. Tan civilizadora como la inquisición en la colonización de América o la República Francesa y su civilizadora guillotina.

7 comentarios:

  1. Kaixo, Ioanes
    Nahi duzunean zain izango gaituzu Lazkaon. Hemendik aurrera geuk ere zure bloga bisitatuko dugu.

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  2. Bada, ongi etorri, eta ea egia den eta udan bertan elkar ikusten dugun. Bloga bizitatzen duzuela jakinez, zeredozer euskaraz idatzi beharko nuke. Besarkada bana!

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  3. ph'nglui mglw'nafh Cthulhu R'lyeh wgah'nagl fhtagn

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  4. Se agradecería traducción para los dos primeros comentarios, mis conocimientos no llegan a tanto. !el tercero está chupado¡

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  5. Hola, Ioanes,
    Cuando quieras, te esperamos en Lazcano. De aquí en adelante nosotros también visitaremos tu blog.

    Pues, bienvenidos, y a ver si es verdad y este mismo verano nos vemos. Sabiendo que pasáis por aquí tendré que escribir algo en euskera. ¡Un abrazo!

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  6. Ioanes, hace mucho tiempo que no publicas nada en tu blog y tanto a mi que te escribo,como a otras personas con las que lo comento, nos gustaría mucho que de nuevo tuvieses un ratito para nosotros.¿Crees que no merece la pena el esfuerzo? Un abrazo.Carlota

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  7. Prometo intentarlo. Creo que sí merece la pena el esfuerzo, Carlota. Me pondré a ello pronto. Un fuerte abrazo,
    Juan

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